jueves, 22 de marzo de 2012

Relato: 'Por si nos encuentran demasiado tarde' (II)

Paco fumaba el último cigarro que le quedaba. No hacía mucho que se habían levantado. Los pisos de la playa donde se encontraban eran muy pequeños, pero en la casa de los padres de Arturo habían encontrado unas llaves parecidas a las de la puerta y las probaron en la vivienda contigua. Funcionaron. Ahora tenían dos cocinas, dos baños y cuatro habitaciones, y aunque no todas eran igual de cómodas, tener cada uno su propio espacio había ayudado en la convivencia.

Por mi parte, yo me acomodé en un práctico pero incómodo sofá en el salón. Así era mejor. Era nuevo en el grupo y quería causar buena sensación. Algunas veces me dejaba ganar a las cartas, otras jugábamos con los cigarrillos que nos quedaban o con algo de alcohol y lo perdía aposta para caer bien. Espero que nadie del grupo lea estas páginas.

Paco recordaba cómo había comenzado esta nueva vida de mierda rodeados de muerte. La muerte les había rodeado, pero también las relaciones se habían deteriorado. Javier y Cristian se hablaban de manera muy directa, a veces demasiado dura. Pero era normal con lo que había pasado.

Cuando la infección se extendió en España, ellos celebraban que Javier había conseguido por fin licenciarse. Era el último del grupo en licenciarse. Javier, desde esa misma semana era oficialmente médico. Los cuatro amigos habían ido en pleno diciembre a pasar un fin de semana bebiendo, jugando a videojuegos y haciendo el idiota por la playa debido al sorprendente buen tiempo.

Todos recordaban las últimas noticias que vieron, donde Matías Prats anunciaba el cierre temporal de Antena 3 por seguridad. Para entonces todos los canales habían hecho lo mismo. Llamaron a casa pero nadie cogió. Para cuando la borrachera se había esfumado, intentaron llegar con el coche a la carretera, pero en apenas 500 metros tuvieron que volver. A la altura del supermercado, había barricadas y bastantes de esas personas que habían visto. Allí me encontraron. Pedí que me sacaran de allí. Acaba de ver cómo mataban a mi mejor amigo.

Aceptaron a sacarme de allí, no sin antes evaluarme con miradas de arriba abajo. Nos encerramos en la casa bajando las persianas y cerrando con un candado la verja que daba acceso a dos de los cuatro edificios de la pequeña urbanización.

La adrenalina corría por sus venas y comieron unas patatas fritas mientras discutían que harían. Yo mientras me concentraba en respirar recordando a mi amigo presa de esas personas locas. Le habían desgarrado la cara, desfigurándosela por completo.

- Yo me quedaría aquí, no creo que podamos llegar a la ciudad, -decía con mucha seguridad Javier-.

- Yo lo intentaría, con las ventanillas cerradas… ¿Qué puede pasar?- aseveró Cristian.

- Pues que estará la carretera inundada de coches y no podremos pasar, no pienso hacer noche en un coche esperando a quedarme encerrado, ni de coña –dijo Paco.

- Podemos quedarnos aquí. A mis padres no les importará. En teoría tendríamos que volver el lunes por la mañana, y es sábado al mediodía.

Todos respiraron en silencio, y el consenso quedó claro. Ahora debían esperar…

- Entonces... ¿Jugamos a la Play o qué?

-  Yo intentaría asegurar el perímetro –dijo Javier con aire marcial-.

- Mucha peli americana has visto tú… -contestó inmediatamente Paco-.

- No dice ninguna tontería. Podemos asegurar el edificio, ver que no hay nadie más en ninguno de los cuatro pisos. En éste ya sabemos que no, pero en el primer piso me pareció ver una ventana abierta. Son abueletes, no creo que estén hoy por aquí. Si esto sigue, hay un supermercado cerca, pequeño, que no conoce mucha gente. Allí podríamos coger agua y lo que pudiéramos necesitar.

Arturo hablaba con seguridad, y eso reconfortaba al resto del grupo. Todos le consideraban el líder de una manera subconsciente, si él no podía quedar los planes solían venirse abajo. Muchas veces le informaban de lo que iban a hacer pidiendo un permiso que siempre era consentido. Ni siquiera él sabía que era el líder de un grupo de cuatro amigos a los que les gustaba estar juntos. Yo lo sabría unos días después.

- No tardará mucho en anochecer, es casi la hora de comer y si vamos a ir a los ultramarinos, yo no tardaría mucho en ir - dijo Cristian-.

- Sí tienes razón, contestó Paco, y los demás asintieron.

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Paco pensaba en todo lo que había hecho Cristian por ellos cuando notó que algo le atenazaba el tobillo. Una gota de sudor resbaló rápido por su frente, como si hubiera estado siempre ahí, esperando su momento. Al darse la vuelta vio a una de esas cosas reptando y le asía la pierna con fuerza. Paco soltó su cigarro y clavó el cuchillo en la frente de aquel zombie cadavérico y maloliente que parecía tener las piernas rotas por varios puntos.

Al levantar la vista divisó tres no muertos más, dos de ellos entraban al edificio donde ellos dormían. Atacó al zombie que estaba en la puerta, con la lanza que habían fabricado a partir de un palo de escoba, un cuchillo y cinta aislante.

No sabía porque reaccionaba así, pero se sentía valiente. Cerró después la puerta tras de sí, y esperó sin hacer ruido a que los seres asesinos subieran por las escaleras para tener vía libre hasta el ascensor. No podía enfrentarse en tan angostos pasillos a dos de aquellos seres sedientos de sangre.

Así, esperó sin hacer ruido y cuando subían torpemente por las escaleras, fue a subir al ascensor, pero la puerta se cerró en sus narices. Sus compañeros bajaban. Necesitaban dividir a los dos errantes para enfrentarse a ellos por separado. Si conseguían hacerlo, deshacerse de los cuerpos sería pan comido.

El ascensor tardó una eternidad en bajar al primer piso y en cuanto la puerta se abrió Javier casi termina con Paco.

- Ten cuidado, joder. Son dos, están subiendo. Hay que atarles desde arriba. No tienen coordinación para subir y prácticamente trepan por la escalera. Si nos asaltan hacia abajo pueden caer sobre nosotros.

- Paco, bien pensado. Subamos dos en el ascensor ahora y después vosotros dos. Ángel está en la casa preparado para resistir si hiciera falta, o para lanzarnos más armas por la escalera.

- Ángel está arriba. Subimos nosotros y después vosotros, -indicó Cristian-.

Paco y Arturo esperaron a que Cristian y Javier les dieran la señal, pero no escucharon nada unos segundos después de que el ascensor llegara al piso superior.  Después un estruendo sonó en el rellano y vieron cómo uno de los no muertos había caído por el hueco de la escalera. Intentaba moverse pero tenía medio cráneo hacia dentro y la columna diseccionaba. Daba asco verle avanzar mientras las piernas se movían sin acompañar el cuerpo.

- ¡Otro! -Gritó Javier desde lo alto-. Entonces se desplomó el otro infraser sobre las piernas del primero, pero este contactó con el suelo para no volver a despertarse jamás.

Todos respiraron aliviados y Arturo se acercó al medio zombie que luchaba por llegar hasta ellos y le hundió el cuchillo en el cráneo ayudado por la fuerza de la lanza.

Paco quería respirar, ya que la podredumbre de aquellos dos cuerpos muertos hacía semanas desprendía un olor nauseabundo. Al mirar por la puerta que daba acceso al edificio no podía creer lo que veía. Entonces se dieron cuenta de que estaban atrapados. Debían darse prisa. Cristian gritó y Paco le tapó la boca.

Aliviado por haber terminado con esa amenaza, miré por el balcón y vi a cien o más de esas personas acercarse a la casa y me quedé allí, apoyado en la cornisa, creyendo que mi hora había llegado.  Sin darme cuenta, caí de rodillas y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos húmedos, haciendo la vista borrosa.  Me agarré con fuerza a los barrotes blancos de la barandilla, intentando no caer desplomado. No quedaba esperanza para nosotros.

Continuará...
'Por si nos encuentran demasiado tarde' es un serial de relatos escrito por Vengador
miembro de Spoiler Zombie, que pretende crear una atmósfera apocalíptica mediante el terror 
y toques de humor. Su autor publicará las entregas con ciertare gularidad, "en días de inspiración".

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